¿Sabrías decir qué te van a entrenar en tu primera sesión de neurofeedback, y por qué eso y no otra cosa? Casi nadie lo pregunta. Se elige centro por cercanía, por precio o porque alguien lo recomendó, y se da por hecho que el neurofeedback es igual en todas partes.
No lo es. Con el mismo equipo se pueden hacer cosas muy distintas, y la diferencia entre un buen proceso y uno que no aporta nada, o que incomoda, está casi siempre en el criterio de quien lo diseña. Saber cómo elegir un centro de neurofeedback empieza por hacer las preguntas adecuadas antes de la primera sesión. Aquí van seis, válidas para Reygo o para cualquier otro sitio.
En resumen, un buen centro de neurofeedback:
- empieza con una evaluación, normalmente un mapa QEEG, antes de entrenar;
- tiene a alguien con formación específica leyendo tus datos;
- se coordina con los profesionales que ya te acompañan;
- dedica tiempo a hablar contigo antes de cada sesión;
- ajusta el plan si algo no va bien;
- mide la evolución con datos, y no solo con sensaciones.
Por qué importa tanto con quién entrenas
El neurofeedback entrena la actividad eléctrica del cerebro a partir de lo que registra un electroencefalograma. Si quieres el detalle del mecanismo, lo explicamos en qué es el neurofeedback. Aquí importa otra cosa: el resultado depende sobre todo de qué se entrena, en qué zona y con qué criterio. Existen además distintos tipos de neurofeedback, y no todos encajan con todas las personas.
La literatura lo recoge desde hace tiempo. En 2008, Hammond y Kirk revisaron los efectos adversos descritos en neurofeedback y reclamaron estándares de práctica para la profesión. En un ensayo aleatorizado de 2015 con voluntarios sanos, Rogel y colaboradores observaron que la mayoría de participantes notificaba algún efecto transitorio durante el entrenamiento, y que algunos dependían del protocolo concreto que se aplicaba. Son efectos pasajeros, pero existen. Por eso conviene saber qué preguntar antes de sentarte en la silla.
Cómo elegir un centro de neurofeedback en seis preguntas
1. ¿Empiezan midiendo o con un protocolo estándar?
Un plan serio parte de una evaluación de tu actividad cerebral, normalmente un mapa QEEG, y no de un protocolo genérico para «ansiedad» o «concentración». Dos personas que llegan con la misma queja pueden necesitar entrenamientos opuestos. Explicamos cómo trabajamos con el mapa en neurofeedback y QEEG.
2. ¿Quién interpreta los datos?
Pregunta qué formación tiene la persona que lee tu mapa y diseña las sesiones, y si se dedica a eso o solo maneja el software. Es razonable buscar su perfil antes de la primera cita. Leer un electroencefalograma cuantitativo exige formación específica, y no basta con saber colocar los sensores.
3. ¿Se coordinan con otros profesionales que te acompañan?
Si ya trabajas con un psicólogo, un médico o un neurólogo, el centro debería preguntar por ellos y ofrecerse a coordinarse. El neurofeedback rinde mejor dentro de un proceso que tenga en cuenta tu vida entera que como una pieza suelta.
4. ¿Hay tiempo para hablar antes de cada sesión?
Lo que te ha pasado esa semana, cómo has dormido o qué has notado desde la última vez cambia lo que conviene entrenar ese día. Si la sesión empieza con el casco puesto y termina con el casco quitado, falta información.
5. ¿Qué pasa si notas algo raro?
Pregunta qué hacen si una sesión te deja más activado, más cansado o con la cabeza embotada. La respuesta que buscas es que se revisa y se ajusta el plan, y que te piden que lo cuentes. Llevar apuntado lo que notas entre sesiones ayuda mucho a afinar.
6. ¿Cómo se mide si funciona?
Las sensaciones cuentan, pero no deberían ser lo único. Un buen centro compara datos a lo largo del proceso y te explica qué ha cambiado y qué no.
Señales para desconfiar de un centro de neurofeedback
Hay respuestas que deberían hacerte dudar antes de pagar la primera sesión:
- Te ofrecen un bono cerrado de sesiones sin haberte evaluado antes.
- Prometen curar o eliminar un problema, o te garantizan resultados en un plazo fijo.
- Nadie te explica qué se va a entrenar ni por qué.
- No preguntan por tu historia ni por los profesionales que ya te acompañan.
- Las sesiones se repiten igual semana tras semana, sin revisar cómo estás.
Ninguna de estas señales descarta un centro por sí sola. Si se juntan varias, conviene seguir buscando.
Lo que el neurofeedback no hace
No hay un número cerrado de sesiones que sirva para todo el mundo, y desconfía de quien te lo dé en la primera visita. Hay personas que notan cambios pronto y otras que necesitan bastante más tiempo. Y hay situaciones en las que el neurofeedback no es la primera herramienta y conviene empezar por otra. Si es tu caso, te lo diremos.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas sesiones de neurofeedback hacen falta?
Depende de tu punto de partida, de lo que se entrene y de cómo respondas. Se define tras la evaluación inicial y se revisa por el camino.
¿El neurofeedback puede tener efectos secundarios?
Pueden aparecer efectos transitorios, y la investigación indica que algunos dependen del protocolo que se aplique. Por eso importan la evaluación previa y el seguimiento entre sesiones. Lo desarrollamos también en mitos y realidades del neurofeedback.
¿Es compatible con la terapia psicológica?
Sí, y en muchos casos funciona mejor acompañado. En Reygo tenemos apoyo psicológico propio y también nos coordinamos con profesionales externos cuando la persona ya está en terapia.
Si vienes de un proceso que no te convenció, pide una evaluación y revisamos juntos qué está haciendo hoy tu cerebro y qué tendría sentido entrenar. Reserva tu cita.
Referencias
- Hammond, D. C., y Kirk, L. (2008). First, do no harm: Adverse effects and the need for practice standards in neurofeedback. Journal of Neurotherapy, 12(1), 79–88. doi:10.1080/10874200802219947
- Rogel, A., Guez, J., Getter, N., Keha, E., Cohen, T., Amor, T., y Todder, D. (2015). Transient adverse side effects during neurofeedback training: a randomized, sham-controlled, double blind study. Applied Psychophysiology and Biofeedback, 40(3), 209–218. doi:10.1007/s10484-015-9289-6




